
Aprietan las cuerdas y comienza a sangrar mi cuerpo por el rozamiento. Ni siquiera mis compulsivos movimientos son capaces de deshacer los nudos que tan inmisericordemente tensaste. Para colmo, insistes en colocarme unos enormes auriculares Philips, cargando todos los bajos a máxima potencia. Las sirenas no saben de ecualizadores ni de sonidos estéreos, pero tú, para mi desgracia, bien conoces todas las artimañas y ardides con las que mortificarme. Te dije que de camino a Ítaca encontraría grandes adversidades, pero este martirio con el que pretendes seducirme no tiene parangón alguno. Desátame de esta palmera, please, y prometo pensarte, fumarte, comerte y lamerte como sueñas en mis pesadillas.
Y tú, mientras, con los tapones de cera tarareando aquella aburrida canción de Bryan Ferry. No seas mala mujer y desátame... ... ...!por los clavos de cristo!
Y tú, mientras, con los tapones de cera tarareando aquella aburrida canción de Bryan Ferry. No seas mala mujer y desátame... ... ...!por los clavos de cristo!


